miércoles, 7 de abril de 2010

ANTONIO GALA: La pasión turca (1993). Llevada al cine por Vicente Aranda.


La empecé hace años. Y ha sido una de las poquísimas novelas que he dejado a medio leer. Por fin, el mes pasado comencé de nuevo. Una vez acabada entiendo por qué no pude con ella en su día. Al parecer mi juicio no ha cambiado demasiado.

A pesar del tostón que da la protagonista femenina, Desideria, a quien - para colmo de males- no he podido desligar de Ana Belén, hay algún que otro pasaje que no está mal. Subrayo un pequeño fragmento que me ha gustado:

La vida, a pesar de ser la antesala gozosa de la muerte, no es cicatera, no es una contable que lleve al céntimo el debe y el haber; es derrochadora, y yo -que sé que ella no es mía, sino yo de ella- aspiro a prolongar este breve pasillo del placer de vivir. Hasta morirme en él, o morirme por él.

Además, he rescatado alguna palabra olvidada, de esas que usaban las abuelas y una creía propia del prolífico vocabulario andaluz. Cuántas veces habré oído decir a mi abuela: Na ni na, que le dio el avenate y ha puesto la casa patas arriba.

Avenate . m. (De vena). And. Arranque de locura.