sábado, 24 de abril de 2010

De por qué merece la pena levantarse temprano un Sábado para salir a correr.

Voy a correr a menudo pero la mañana del Sábado es la mejor con diferencia. La de hoy ha sido especialmente gratificante: 55 minutos para recorrer unos 8 ó 9 kilómetros (tranquilita).
Con todo lo que ha llovido este año bastan un par de días de sol para que el campo experimente  una verdadera explosión de vida. Además, tengo la ventaja de vivir muy cerquita del mar; correr por La Playa del Negro, La Paloma, Bahía de las Rocas y los acantilados de Punta Chullera, para acabar dándote un baño en la Calita de Los Toros, es un verdadero placer, en todos los sentidos.


El trayecto de vuelta, una hora más, lo he hecho paseando por la playa. Y he aprovechado para hacer algunas fotos con el móvil:



Ya están floreciendo las armerias en el acantilado.
 
 
Y tuve un inesperado encuentro: ojito con esta medusa -sifonoforo, en realidad-, me temo que es una pequeña carabela portuguesa. Su picadora, según dicen, es muy, muy dolorosa.
 
 
 
Por último, a la altura de Playa Paraíso me topé con una enorme Tortuga Boba  descomponiéndose en la arena. Preciosa, una lástima. Tenía el cráneo casi pelado así que, ya de vuelta, convencí a mi marido para que se hiciera con él. Pobre..., lo trajo.