viernes, 9 de abril de 2010

Otra oportunidad.

El verano pasado, de vuelta de un ajetreado día de playa,  rescatamos a un pobre y lisiado caballito de madera abandonado junto a un contenedor. ¡Cualquiera le decía a Marina -mi hija- que lo dejábamos allí! Nada, obediente, me eché el jamelgo a la espalda sin saber muy bien qué hacer con él.




Una vez limpio y seco, ya no se veía tan mal. Así que decidimos darle otra oportunidad.
Como bien saben los aficionados a los mundillos de la restauración, el bricolage y las manualidades varias, no hay nada que un poco de lija y unos brochazos de pintura no puedan solucionar. Y si eso lo aderezamos con una pizca de cariño...





...Chatatachan! Un humilde juguete arrojado a la basura acaba transformado en una preciosa cebra que hace las delicias de mis peques.