viernes, 19 de marzo de 2010

Hayao Miyazaki, un mago del cine, un poeta.


A través de los Estudios Ghibli (palabra africana que significa “viento caliente que sopla en el desierto del Sahara”) este genio de la animación japonesa nos ha regalado joyas como "Nausicaä del Valle del Viento", "La princesa Monomoke", "Mi vecino Totoro", "El viaje de Chihiro", "El Castillo ambulante" o "Ponyo en el acantilado".
Lo mejor de sus películas es que gustan tanto a Marina, de cinco años, como a mí, de treinta más. Son, sobre todo, un derroche de imaginación, de sensibilidad, de amor y respeto por la naturaleza, y de una creatividad verdaderamente desbordante. Un poco lentas, pero con contenido, rompiendo tópicos. El realismo en los gestos y movimientos de los personajes, y el detalle con que se plasman los múltiples escenarios donde se desarrolla la trama son asombrosos. Nos encanta.