sábado, 9 de noviembre de 2013

suspendida en el aire

Hay lugares por los que me siento irremediablemente atraída. Por una extraña fuerza que me obliga a visitarlos de vez en cuando, como si de un santuario se tratara.

Miyomeke es uno de ellos.

Un viejo cortijo -palacete sería más apropiado- de los años cincuenta o sesenta, abandonado desde hace mucho. Vacío, esquilmado, destrozado... Pero conservando aun eso, no sé exactamente qué, que lo hace tan especial.

Me ocurre con las ruinas en general, pero con esta en particular; a esta enorme casona la imagino repleta de historias no contadas, de secretos que el tiempo acabará borrando, de voces y besos mudos.

Si subir a Miyomeke desde la playa es un placer, hacerlo corriendo -como esta mañana- es la hostia;). Una vez arriba, en todo lo alto, con el corazón y los pulmones a toda pastilla, y los músculos de las piernas llamando seriamente mi atención, me siento como "suspendida en el aire".