viernes, 6 de septiembre de 2013

piedras
























La peor condición que tienen -en el caso que nos ocupa- es que son duras, pueden ser muy ásperas, rugosas e incluso tener demasiadas aristas. Además,  no cuestan nada y las márgenes de los caminos están llenas de ellas. Su posesión no requiere licencia -están al alcance de cualquier desalmado- y su manejo es realmente sencillo. Hasta puede uno tirárselas a sí mismo. Pero su uso masivo y simultáneo es, con diferencia, el más dañino y peligroso, por el fervor irracional inducido por la inmunidad que la masa proporciona. Mas, ¡ojo!, ser victima o verdugo es una cuestión de azar, solo que este detalle pocas veces se tiene en cuenta. Eso siempre y cuando -sin ánimo de frivolizar- no se presenten voluntarios a cualquiera de los mencionados papeles.

La parte menos mala -para el condenado-: su poder anestésico, si no letal. Si el golpe es certero y, con un poco de suerte, eso ocurre al principio, el resto ya no se sentirá. Más nos vale entonces que el atacante no carezca de fuerza y buena puntería, que la fortuna nos sonría y que  tampoco tenga escrúpulos y nos asalte a traición, por la espalda, a ser posible. Así uno, por no esperarlo, casi ni se entera.


¡SÁLVESE QUIEN PUEDA! 



Puedo volver, puedo callar, puedo  forzar la realidad.
Puedo doler, puedo arrasar,  puedo sentir que no doy más.
Puedo escurrir, puedo  pasar, puedo  fingir que me da igual.
Puedo incidir,  puedo escapar, puedo  partirme y negociar la otra mitad
Puedo romper, puedo  olvidar,  puede comerme la ansiedad.
Puedo salir, puedo girar, puedo  ser fácil de engañar.
Puedo joder, puedo encantar, puedo  llamarte sin hablar.
Puedo vencer, puedo palmar, puedo saber que sin vosotros duele más.
Puede ser que mañana esconda mi voz por hacerlo a mi manera.
¡Hay tanto idiota ahí fuera!
Puede ser que haga de la rabia mi flor y con ella mi bandera.
¡Sálvese quien pueda!
Puedo torcer, puedo  lanzar, puedo  perderme en la obviedad.
Puedo servir,  puedo cansar, puedo  saber que sin vosotros duele más.
Puede ser que mañana esconda mi voz por hacerlo a mi manera.
¡Hay tanto idiota ahí fuera!
Puede ser que haga de la rabia mi flor y con ella mi bandera.
¡Sálvese quien pueda!

Vetusta Morla.